El segundo “elefantes” que me meto en el cuerpo y con las mismas ganas e ilusión que el primero. Me acompaña mi eterno compañero de viajes Leandro y su K-75. Cuando planteas esta concentración con otros motoristas todos se apuntan pero a la hora de la verdad siempre quedamos los mismos. Si he de ser sincero, lo prefiero. Mi colega tendrá sus cosas y por supuesto yo las mías pero hemos hecho muchos kilómetros juntos y nos entendemos a la perfección. Salidas de tres o cuatro se manejan bien pero más no. Todo son pegas, problemas y contratiempos.
Este año no me va a pillar el frío y en Andorra hice una buena inversión comprándome un equipo entero DAINESE con gore-tex. Nos agenciamos también unas manoplas para reducir el frío en las manos. Este invierno es particularmente frío y también me procuré un buen saco de dormir.
Para este “elefantes” Leandro –que lleva la logística- ha decidido cambiar de ruta y subiremos por Suiza. Por el camino visitamos Lausana y Berna, esta última una ciudad con mucho encanto. El frío repito es intenso y como ejemplo comentar que en una gasolinera Leandro –obsesionado con la limpieza- cogió la típica rasqueta con agua para lavar la pantalla y con ella se llevó todo el cubo helado.
En este “elefantes” teníamos bastante claro aprovechar los kilómetros para hacer turismo con un objetivo muy claro: visitar Neuschwanstein, el castillo del rey loco Luis II de Baviera. Para quien no tenga claro de que castillo le hablo comentar que Neuschwanstein es el castillo cuya imagen aparece en muchos paneles de máquinas expendedoras de tabaco y también en el que se inspiró Walt Disney. La visita realmente merece la pena.
Ahora entiendo porqué algunos moteros en “elefantes” llevaban alguna alusión al rey loco o al castillo en una identificación creo yo de ese espíritu romántico, de ensoñación, de absurdo. Aunque Luis II no vio terminado el castillo tal y como lo conocemos, hizo decorar cada estancia inspirándose en las óperas de Wagner de quien era un ferviente admirador.
Finalizada la visita nos acercamos a la zona de acampada de la concentración. Se nos hace de noche y el frío aprieta. Por circunstancias del tráfico pierdo el contacto visual con Leandro y nos perdemos. Al final llegamos cada uno por nuestra cuenta y nos encontramos en la zona de inscripciones. Plantamos la tienda medio inclinada sobre la nieve y… ¡A disfrutar del espectáculo! Motos y más motos, a cual más diferente y transformada e inventos de todo tipo. Y esos fantásticos sidecares de los que en España no ves ni uno y en cambio aquí…
También es cierto que por la noche cuando te acuestas en el saco no puedes dormir por el frío. Puede que el ruido que monta un descerebrado que se ha traído un motor solo para hacer continuos cortes de encendido tenga algo que ver. O quizá la culpa sea de Atila –rey de los borrachos- que apostado en tu tienda se dispone a orinar. Y piensas… ¿Qué coño hago yo aquí? Con lo calentito que estaría en casa y para postres es mi cumpleaños. Sí, los tres “elefantes” a los que he asistido he cumplido años medio borracho y pasando frío. Pero esto es lo que me gusta y punto.
Terminada la concentración al mediodía iniciamos el regreso. ¡Este Leandro es la hostia! En condiciones climatológicas favorables lleva un ritmo tranquilo pero con lluvia, viento, de noche o como ahora nevando va que se las pela. Por cierto no he comentado que en todas nuestras salidas Leandro siempre va delante marcando ritmo y camino. Tiene muy buen olfato para los radares y si yo voy delante me pierdo. Llevamos un ritmo muy tranquilo pero desengañaros, esto de los radares es una lotería y pese a jugar poco, si estas en el bombo siempre te puede tocar.
En Mulhouse visitamos el Museo Nacional del Automóvil (colección SCHUMPF). Es una colección increíble y si tienes verdadera afición a los coches te gustará.
Continuamos el camino y hacemos parada en Avignon para visitar el Palacio de los Papas. Precisamente en esta ciudad nos sorprende una increíble nevada pero según Leandro… ¿para que vamos a parar? Por la autopista se iba medio bien siguiendo las roderas de los camiones pero cuando tenias que detenerte en los peajes tenías tus apuros. Pese a todo llegamos enteritos a casa.
Este ha sido un “elefantes” durillo, de los que curten un poco, pero espero que no sea el último y de eso estoy seguro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario