martes, 26 de septiembre de 1995

Elefantentreffen 1995

“Elefantes” es una de las concentraciones míticas para todo motero. La información que tenía de esta concentración todavía la hacía más interesante y suponía todo un reto para mí. También lo fue en su momento Cabo Norte (1993) y el Nacional de Turismo (1994). Estos retos siempre han sido planteados en connivencia con mi buen amigo Leandro y su K-75. Sin la complicidad de él posiblemente no hubiese hecho ni la mitad de los kilómetros que he recorrido.

Nos preocupaba sobretodo el frío. Alemania en el mes de febrero no es precisamente el destino más acogedor teniendo en cuenta que acamparíamos en tienda y probablemente sobre la nieve. Pero pese a los temores y recelos vencieron las ganas de aventura y el día previsto enfilamos rumbo a “elefantes”.

El camino no tuvo mayor complicación. En Munich dormimos en una cervecería que disponía de habitaciones. A la mañana siguiente llegamos a la zona de acampada. Los últimos kilómetros son un tanto confusos y el empezar a ver motos por todas partes tampoco ayuda mucho. Ya cuando llegas te das cuenta de que esto es otra cosa. La carretera de acceso a la concentración está cortada por la policía y solo acceden los que tienen ese destino: ¡MOTOS! La primera vez que vas a “elefantes” el impacto visual es tremendo.

Después de la inscripción montamos la tienda. Lo hicimos en un sector donde se habían concentrado el grueso de los españoles. Contar con la compañía de estos moteros nos hizo sentir más arropados y facilitó romper el hielo -nunca mejor dicho- con la dinámica de la concentración. Ahí nos reencontramos con algunos asiduos de otras concentraciones. Conocimos a una pareja que nos explicaron que la primera vez que estuvieron en “elefantes”, cuando vieron el ambiente se largaron de aquí intimidados por algunos gigantes germanos ataviados con abrigos de piel hasta los pies y un machete asomando por un costado. Este año, esta pareja tenía reservada habitación en un hotel pero al sentirse bien acompañados por todo el grupo se quedaron toda la noche cerca del fuego. Y es que además, uno había traído un jamón y como os podéis imaginar bebida tampoco faltaba.

Conocíamos -por haberlo leído- el ritual de las antorchas y no nos lo queríamos perder. Por la noche, todos los interesados se desplazan desde la acampada hasta una iglesia cercana. El camino se recorre con antorchas encendidas en memoria de los seres queridos que dejaron la piel en la carretera. Ahí se celebra una pequeña ceremonia pero lo que no nos podíamos imaginar era que el oficiante cogiera una guitarra y se pusiera a tocar y cantar canciones de Bob Dylan.

No he visto como concentración nada igual a “elefantes” ni creo que lo vaya a ver. Aunque para ser sincero, me quedan varios eventos que no quisiera dejarme perder como Isla de Man o el Cristal Rally.

“Elefantes” abre la mente a todo motorista. La concepción de la moto y la “cultura” motorista que ahí ves es toda una lección. Poder ver motos que nunca has visto o transformaciones increíbles te despeja el triste monotema español de “erres” y “cebe-erres”. También decir que el ambiente frío gélido y el manto de nieve que todo lo cubre da una sensación de pureza o autenticidad que igual no se corresponde con la realidad pero así lo viví ese primer año. Cuando el domingo por la mañana llegó la hora de partir una sensación extraña nos invadía. Quizá sentíamos el hecho de haber vivido una experiencia importante como motorista.

Al volver hacia Munich quisimos visitar Dachau puesto que nos venía de paso. La visita al campo de concentración nos dejó aterrados. El frío que llevábamos en el cuerpo intensificó el mal rollo que nos dejó este lugar. Pero si una cosa tengo clara es que todo lo que puedas ver y conocer es enriquecedor y la moto sin dudas puede ser un medio de conocimiento.

El regreso a casa no tuvo ninguna incidencia remarcable pero en cuestión de concentraciones está claro que hay un antes y un después de “elefantes”.

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